La velada que muchos calificaban como “el combate del año” terminó en frustración: Conor McGregor sufrió una lesión en la pierna izquierda a los pocos segundos del inicio y se retiró del encuentro frente a Max Holloway en la International Fight Week de Las Vegas. El irlandés, que volvía tras cinco años fuera, intentó una patada con salto de tijera, perdió el equilibrio y al tocarse la pierna pidió la atención médica antes de sentarse y dar por concluida la pelea. Holloway fue declarado ganador por abandono.
El estadio, lleno de aficionados —muchos con entradas costosas— vivió una mezcla de sorpresa y decepción. McGregor, conocido como “The Notorious”, había entrado al octágono con la bandera de Irlanda en alto y se veía animado, pero la lesión cambió todo en menos de un minuto. Tras el incidente, el irlandés reapareció en su cuenta de X y describió lo ocurrido con palabras duras: “Se me ha fundido el motor. Estoy destruido. No tenía ninguna lesión antes de la pelea… Esto salió de la nada. Estoy más que deprimido aquí. Solo puedo describirlo como el infierno”.
Según testigos, el golpe inicial no pareció grave, pero al apoyar la pierna McGregor perdió estabilidad y la molestia fue inmediata. Los equipos médicos atendieron al peleador, quien prefirió no continuar. La derrota rompe la esperada revancha de emociones entre dos figuras de la UFC y deja interrogantes sobre el estado físico del irlandés luego de su larga ausencia.
Para los seguidores de McGregor, la imagen de verlo salir del octágono visiblemente afectado reemplazó cualquier espectáculo deportivo esa noche. Ahora la atención se centrará en los exámenes médicos que confirmen el alcance de la lesión y en las palabras del propio peleador sobre sus planes: si se trata de una pausa con recuperación rápida o de un golpe mayor a su regreso definitivo.



