El brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo ya ha dejado más de 1.700 muertos y continúa creciendo, según los reportes más recientes. Hasta el martes se contabilizaban 3.802 casos y 1.707 fallecidos, en una emergencia sanitaria que golpea sobre todo a la provincia de Ituri.
Las autoridades sanitarias advierten que la situación se ha vuelto más difícil de controlar porque casi el 80% de los nuevos contagios no se detecta a través del rastreo de contactos, sino dentro de la comunidad. Eso complica el aislamiento temprano de casos y rompe una de las principales herramientas para frenar la propagación.
La Organización Mundial de la Salud mantiene la alerta activa y señala que el brote se ha extendido a cinco provincias. También informa que más de 17.000 contactos potenciales siguen bajo vigilancia, en una región donde la inseguridad, la desconfianza de la población y las dificultades de acceso hacen todavía más compleja la respuesta.
El foco principal sigue en Ituri, que concentra la mayoría de los casos y muertes. La enfermedad, causada por el virus Bundibugyo, fue declarada oficialmente el 15 de mayo de 2026 y preocupa a nivel internacional porque no cuenta con vacunas autorizadas ni tratamientos específicos aprobados.



