El sur de Beirut vivió una de sus jornadas más devastadoras en años. En apenas 10 minutos, Israel lanzó 160 bombas sobre distintos puntos del país, en lo que ya es considerado el mayor ataque coordinado desde el inicio de su ofensiva el pasado 2 de marzo.
Los bombardeos impactaron al menos ocho zonas del suburbio de Dahye, bastión de Hezbolá, además de regiones del sur del país y el Valle de la Bekaa. El saldo es devastador: 112 muertos y más de 837 heridos, según confirmaron las autoridades libanesas.
El ataque ocurrió sin previo aviso de evacuación, lo que agravó el impacto entre la población civil. En cuestión de minutos, el caos se apoderó de las calles. Carreteras colapsadas, familias huyendo desesperadas y un incesante ir y venir de ambulancias y camiones de bomberos marcaron la escena en la capital.
La situación en los hospitales es crítica. La organización Médicos Sin Fronteras reportó un escenario “caótico” por la llegada masiva de heridos. En el Hospital Público Rafik Hariri, pacientes ingresan con graves heridas de metralla y hemorragias, según detalló el coordinador de emergencias, Christopher Stoke.
Desde el poder político, la reacción fue inmediata. El presidente Joseph Aoun calificó los ataques como una “masacre” que desafía los valores humanos y rompe cualquier intento de desescalada. En la misma línea, el primer ministro Nawaf Salam denunció que Israel continúa atacando zonas densamente pobladas, dejando víctimas civiles en todo el país.
Mientras tanto, desde el lado israelí, el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, dejó claro que el frente libanés no forma parte de la tregua con Irán y que los ataques continuarán “sin descanso”.



