La Policía Nacional tiene una explicación para los crímenes que han sacudido al país en los últimos meses y días: sus propios éxitos. Esa versión la expuso el director de la entidad, Jaime Fernández, en una entrevista con La Prensa, en la que mostró la radiografía de las estructuras criminales que operan en Panamá y defendió la ofensiva policial contra el narcotráfico y las pandillas.
La tesis de Fernández apunta a una reacción directa de los grupos criminales frente a las incautaciones de droga, las capturas de líderes y las operaciones antipandillas ejecutadas desde el año pasado.
“El mes de abril fue un mes que comenzamos a ver el resultado del éxito de estas incautaciones”, manifestó cuando se le consultó por el sangriento abril que dejó 62 asesinatos en todo el país y golpeó principalmente al distrito de San Miguelito y Alcalde Díaz, corregimiento al norte de la capital.
“Alguien se vio afectado. Algún grupo quiere tomar posición más agresiva sobre otro”, añadió el director, al describir la dinámica que, según la Policía, alimenta los homicidios recientes.
Fernández describió una cadena de consecuencias que arranca con incautaciones que calificó como “históricas”, con 35.6 toneladas de droga decomisadas solo por la Policía en 2025, y termina en ajustes de cuentas entre estructuras criminales que pierden cargamentos, dinero o control territorial.
121 grupos pandilleriles
Según el director, el fenómeno ya no se limita a las pandillas tradicionales. La Policía identifica 121 grupos pandilleriles que operan subordinados o vinculados a ocho grandes estructuras criminales dedicadas al narcotráfico, la contaminación de contenedores y el microtráfico.
“Las 121 pandillas hacen servicios para esas grandes estructuras”, afirmó.
Fernández aseguró que esas organizaciones mantienen conexiones con redes criminales fuera de Panamá y utilizan grupos menores para custodiar droga, mover cargamentos, ejecutar homicidios o controlar territorios. “La moneda de cambio ya no es el dinero, ya es droga”, manifestó al explicar cómo parte de los pagos dentro de las redes criminales termina luego en el microtráfico local, en los barrios.


