Tras el terremoto, docentes del colegio Rafael Antonio Moreno comenzaron a reunir dinero y organizar entregas para sus estudiantes, pero las necesidades superan lo que pueden cubrir.
La profesora Melissa Camarena relató que algunos alumnos consultados todavía no habían recibido apoyo cuando conversó sobre la situación. Pero, la ayuda ha estado llegando poco a poco a ellos.
Camarena explicó que sus compañeros se unieron para comprar insumos y llevarlos directamente a las viviendas.
Atienden estudiantes desde primer año hasta sexto año y están identificando cuántos tienen sus hogares afectados.
Mencionó comunidades como Chupá, Chupadito y La Colorada, además del centro de Macaracas y otros sectores cercanos.
Según contó, hay familias sin agua ni electricidad, mientras la lluvia y las réplicas complican su situación.
Una compañera le relató que por Chupá circulaban vehículos hacia otras zonas, pero no estaban dejando suministros para las familias del lugar.
Camarena reconoció los aportes de vecinos y de personas originarias de esas comunidades que viven en la capital y han enviado donaciones.
La docente describió conversaciones con padres que muestran las dificultades para alimentar a sus hijos. Una madre le contó que había repartido entre un estudiante y un bebé el pan que recibió de una vecina.
La profesora vive en La Villa de Los Santos y sus estudiantes están en comunidades más alejadas de Macaracas. Esa distancia dificulta responder inmediatamente a cada solicitud, por lo que los docentes coordinan recorridos para acercar las donaciones.
Sobre la continuidad de las clases, Camarena pidió evaluaciones profundas de los centros educativos.
Señaló que hay escuelas con muchos años de construcción y que una apariencia exterior favorable no basta para determinar su seguridad.
En su plantel, relató que cayeron bloques y partes del cielo raso, además de movimientos de mesas y equipos.
La docente consideró que algunos colegios podrían recibir nuevamente a sus alumnos después de las revisiones, mientras otros necesitarían medidas diferentes según sus daños.
Entretanto, hay estudiantes cuyas viviendas no quedaron completamente destruidas, pero presentan fisuras que les impiden permanecer dentro. Sus familias esperan en carpas y espacios exteriores.
Los profesores continúan organizando entregas y comprobando las necesidades en cada hogar.


