En medio de un silencio que pesaba más que cualquier palabra, familiares y allegados despidieron este viernes 24 de abril a Janet Arlín Morán Castañeda, conocida en redes como “La Shakira panameña”.
La despedida se realizó en estricta privacidad, tal como lo decidió su familia, que optó por vivir este momento lejos del ojo público.

Durante la misa, sus seres queridos se reunieron frente a un altar con sus cenizas, ya que Janet fue cremada. El dolor era evidente, especialmente en sus hijos, quienes no pudieron contener las lágrimas al recordar a su madre.
Personas cercanas comentaron que la familia permaneció varias semanas acompañándola en el hospital antes de su partida, ocurrida el pasado 19 de abril.
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Palabras que tocaron el corazón
Uno de los momentos más conmovedores se vivió al final de la ceremonia, cuando una de sus hijas rompió el silencio con un mensaje que estremeció a los presentes:
“Hoy nos toca despedirte… pero también agradecerte. Siempre estuviste en nuestro corazón. Con el paso del tiempo entendí que nuestro amor no necesitaba certezas para ser real. Porque, aunque la distancia fue constante, el cariño siempre fue verdadero. Y aunque el tiempo nos separaba, el amor encontraba la forma de reunirnos”.

En medio del dolor, también hubo espacio para recordar lo que la hacía única. Entre lágrimas, otra de sus hijas destacó su capacidad para hacer reír a quienes la rodeaban, incluso en los momentos más difíciles.
“Mami tenía una forma tan especial de sacarle una sonrisa a la gente… ese humor tan de ella vive en nosotros, y uno de mis hermanos lo heredó igualito. Te voy a extrañar tanto… tu sonrisa, tus ocurrencias… todo, mami”.
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De Bethania a las redes sociales
Más allá de las redes sociales, Janet “La Shakira panameña” era una presencia fija en su comunidad de Betania. Su estilo directo, su espontaneidad y su forma tan particular de ver la vida la convirtieron en alguien imposible de ignorar.
Era común verla en la calle, relajada, disfrutando de una cerveza fría, conversando con cualquiera como si lo conociera de toda la vida. No necesitaba escenario: su personalidad era suficiente.
Sus frases se volvieron parte del lenguaje popular. Expresiones como “no me gustan los hombres ni las mujeres”, “mi Dios es todo para mí” o “que se los lleve el infierno de Inglaterra” no solo arrancaban risas, también se viralizaban y se repetían en redes y en la calle, dándole una identidad única dentro del mundo digital panameño.
Pero su esencia no estaba en el celular, sino en lo cotidiano: en la esquina, en el barrio, en la gente. Ahí fue donde realmente conectó.
Por eso, hoy su ausencia pesa. No hace falta que alguien lo diga: se siente en el ambiente.


