En El Tijera, corregimiento de Ocú, la reparación del tramo vial más afectado por los últimos deslizamientos registra un avance del 18% y promete devolver la movilidad a unas 440 personas que dependen de la tierra. La intervención, que abarca 600 metros de carretera, busca no solo abrir el paso sino asegurar que la vía resista nuevas lluvias y erosión.
Las máquinas y los obreros trabajan en la limpieza del terreno, desarraigo de vegetación y excavaciones para preparar la base. También se colocan tuberías de hormigón y se construyen canales trapezoidales y cunetas pavimentadas para drenar el agua correctamente. En tramos críticos, levantan gaviones y aplican geotextil como barrera entre capas del suelo, además de una capa base y doble sello en la calzada para mejorar la rodadura.
Para estabilizar los taludes y frenar la erosión comenzaron labores de revegetación: plantaron vetiver, valeriana y pasto de cumbre, especies que ayudan a sujetar el terreno. Paralelamente siguen instalando más gaviones y extendiendo las cunetas necesarias para proteger la obra en el tiempo. La vía también recibirá señalización horizontal con franjas reflectantes para aumentar la seguridad nocturna.
Más allá de la infraestructura, la obra ha abierto fuentes de empleo local: varios vecinos fueron contratados para mano de obra, lo que dinamiza la economía del corregimiento. Productores y dueños de fincas celebran la rehabilitación: esperan que mejores accesos impulsen la comercialización de productos agropecuarios e incluso atraigan turismo por las vistas de la zona montañosa.
Con la reparación de este punto crítico se busca restablecer la conectividad en El Tijera, reducir riesgos en temporadas lluviosas y crear condiciones más favorables para la producción y el desarrollo local.



