En exclusiva, Mi Diario se trasladó hasta la selva del Darién, en la frontera viva entre Panamá y Colombia, para reconstruir una historia que no solo ocurrió hace 16 años, sino que sigue latiendo en dos hombres que aprendieron a levantarse desde el suelo.
El 24 de junio de 2010, a las 9:30 de la mañana, unos 40 agentes del Servicio Nacional de Fronteras avanzaban por Playa Isaías. La misión: ubicar campamentos guerrilleros. El terreno estaba minado.
Y en segundos, todo cambió.
Mi Diario EXCLUSIVA | LA HISTORIA QUE LA SELVA NO PUDO ENTERRAR“Desde el primer día hace 16 años… cambió el ritmo de mi vida”, dice el capitán Arístides Guevara. A su lado, el capitán Alexander Pérez lo resume sin rodeos: “Nunca pensé que iba a perder una pierna”.
Ambos sobrevivieron. Fueron evacuados conscientes, entre dolor y adrenalina. Luego vino otra guerra: hospitales, cirugías y cerca de cinco meses de recuperación en Colombia, entre terapias y adaptación a prótesis.
Mi Diario EXCLUSIVA | LA HISTORIA QUE LA SELVA NO PUDO ENTERRAR“Fue una trayectoria muy dura”, admite Pérez.
“Tuve que reaprender a vivir”, responde Guevara.
Reaprenderlo todo.
Caminar. Pensar. Proyectarse.
Pero hubo algo que no se quebró.
La familia.

“Agradezco siempre a mi esposa, que siempre ha estado conmigo”, dice Pérez, dejando claro que no caminó solo ese proceso.
Con el tiempo, lo impensable ocurrió: volvieron.
Volvieron al uniforme. Volvieron al servicio. Hoy, 16 años después, ambos son capitanes.
Este 15 de mayo, a semanas de un nuevo aniversario, Mi Diario estuvo en la recreación de aquel operativo en la misma zona fronteriza. No era solo recordar. Era volver al punto exacto donde todo cambió.
Y ahí, frente a frente, quedó claro que la historia no se sostiene solo por lo que vivieron… sino por lo que se dicen.
Cuando se les pregunta qué mensaje le darían al otro, no dudan.
“Siempre vamos a seguir adelante, y siempre estamos juntos”, dice Pérez.
Guevara responde como quien cierra filas: “que siga echando para adelante… tenemos que afrontarlo con fuerza”.
No es cortesía. Es lealtad.
Es la voz de dos hombres que se vieron caer… y eligieron levantarse.
La explosión quedó atrás. En ellos, la voluntad sigue intacta.
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